jueves, 10 de marzo de 2011

Colonia Juvenil. El equipamiento

Capítulo IV
El equipamiento


Las primeras literas (Camas marineras) que llegaron a Colonia Juvenil fueron las que ya tenía en la fundación en la Casa de Real del Potosí y resultaron tan resistentes que todavía en el 2002 estaban en perfecto uso; otra aportación de la Fundación para preadolescentes y adolescentes fueron los platos para el comedor, unos platos de melamina verde como los que usaban en el Seguro Social que también tuvieron una larga vida en Colonia, así como algunos platos rectangulares de cerámica blanca que nos regaló Gerardo Motilla y que fabricaba para una compañía aérea.
Otyro aporte de la Fundación fue la malla ciclónica que se usó para las porterías de la cancha de Fut bol Rápido, refrigerador y un congelador horizontal.
Cuando Verónica se integró con su equipo de trabajo, llegaron a Colonia con todo el equipamiento que tenían en la casa de los menores de la Fundación y por supuesto con los menores que también tenían.
Por lo demás se adquirieron sillas plegables y tablones, una estufa industrial y las casuelas y enceres para cocina.
Conforme comenzaron a llegar mas solicitudes se vio la necesidad de adquirir mas literas, Don Alejandro había soportado gran parte del costo de equipamiento y había que conseguir patrocinios para las demás cosas y tocando puertas dimos con una persona que tratando de hacer beneficiar a dos instituciones, con una misma acción, encargó la fabricación de las literas al supuesto taller de herrería de Casa Don Bosco, el resultado fueron unas literas que si bien dieron utilidad resultaron además de feas muy frágiles y cada año o semestre había que repararlas.
Comenzamos a recibir en donación algunos muebles usados, en magnífico estado, que se utilizaron para equipar las estancias de los módulos.
En el transcurso del primer semestre de 1993 comenzaron a llegar muchas solicitudes de los lugares a donde Claudio había hecho promoción y comenzaron a estudiarse, había que establecer los procesos de selección a partir de los perfiles que se establecieron: que fueran chicos del medio rural donde no existiera escuela secundaria, que tuvieran capacidad tanto de aprendizaje como de convivencia; fue entonces cuando se integró al patronato Patricia Torres Corzo, psicóloga, hermana de don Alejandro, para orientar al respecto, ella a su vez invitó a la Trabajadora Social Gabriela Jara que se encargaría de diseñar las baterías para realizar los estudios socioeconómicos.
Durante ese semestre los chicos asistían a escuelas externas, situación que resultaba un tanto cuanto complicada y lo sería mas en cuanto llegaran mas muchachos a Colonia, por lo que en una junta sugerí que sería bueno contar con nuestra propia escuela. Don Alejandro a quien bastaba con darle una idea para que se pusiera en acción, le pidió a su sobrino político, el Ing. Rafael Olmos Ocejo, no sólo la construcción sino el financiamiento de la obra. Rafael aceptó entusiasta la solicitud, se definió el lugar donde quedaría la escuela, las necesidades de la misma y al poco tiempo se estaba realizando la construcción de la escuela que comenzaría a operar en el ciclo escolar 1993-1994.
A Verónica se le encomendó realizar el trámite necesario para la incorporación de la misma ente las autoridades educativas, cosa que también realizó en todo tiempo y forma.
En alguna reunión de consejo posterior, Gabriela Jara preguntó —¿Y para las niñas què….?—
Efectivamente no habíamos pensado en ellas, Gabriela explicó que las niñas del medio rural eran mas siempre olvidadas en este tipo de proyectos, que ella procedía de ese medio donde había muchas niñas valiosas que merecían el apoyo de la institución; fue tan convincente en sus argumentos que a la siguiente semana estábamos ya colocando la primera piedra para los módulos de las niñas en el extremo poniente del terreno, el financiamiento corrió por cuenta de don Alejandro, serían dos módulos y luego se consideró la conveniencia de que en esa misma área quedara el módulo o casa de Verónica y su equipo, la cual se construyó sobre uno de los módulos de niñas.


Don Jose
Al integrarse Verónica y su equipo, a finales de 1992 y al salir Claudio de Colonia sentí que era necesario alguien que las auxiliara en todo una figura masculina que a su vez controlara de alguna forma a los pocos muchachos que estaban ya en Colonia.
José Luis Hernández Martínez había estado cuatro años en la fundación, era un muchacho serio, dedicado y responsable que había terminado su carrera como técnico en edificación; había ejercido su carrera trabajando en la continuación de la pavimentación del Río Santiago pero se había terminado el trabajo y estaba viviendo en un departamento que yo había puesto para los mayores de la Fundación y que debía funcionar en forma autogestiva.
Le pedí que se fuera a la Colonia para ayudarles con lo que fuera necesario, asegurándole que tendría un sueldo y un área privada para él.
José Luis no tuvo dificultad para adaptarse ni los muchachos con él, la mayoría lo conocían y lo veían como a un hermano mayor aprendió a manejar la camioneta y desde el primer momento se convirtió en un elemento imprescindible para el funcionamiento de Colonia Juvenil, incansable y siempre dispuesto a todo lo que se requiera, desde trasladar a los muchachos, ir de compras o hacer alguna reparación.
Los muchachos (me refiero a ambos géneros) siempre le han tenido un cariño y respeto bien ganado y en algún momento ese cariño se vio reflejado con la forma de referirse a él como “don Jose”.
Lleva 18 años viviendo en Colonia Juvenil y creo que poco se le ha reconocido su trabajo y entrega a la misma, por lo que desde esta página quiero hacer un reconocimiento a José Luis, por su labor siempre callada y hasta anónima en muchas ocasiones. Gracias don Jose, mucho de lo que es Colonia Juvenil se te debe a ti.

2 comentarios:

Oscar Erasmo dijo...

que interesante durante mis casi 7 años de estar aki en colonia juvenil nunca supe bien que de la vida pasada de don jose, que bien que este este medio para informarnos. --ah, buenos relatos--

ChEkO dijo...

mi mamá es la que se ve en la foto de la cocina! ya hace año y medio que dejó de trabajar ahí, pero se trajo buenas memorias de los chavos.